Pasar al contenido principal

Church Forum

Cadaunadas

¿Quién no ha escuchado a algún adolescente quien sincerándose y en tono triste haya dicho: “es que mis papás no me entienden”. Otros incluso llegan a decir: “es que la traen contra mí”, confesando que estas ideas hieren sus inteligencias y, sobre todo, sus corazones.

Calumnia e ingratitud

 Cuentan que estaba un conejo acurrucado en su madriguera protegiéndose del frío invernal cuando apareció un sapo pidiéndole albergue. El conejo le explicó que el espacio era muy pequeño y, por lo tanto, no reunía las condiciones para poder estar los dos con un mínimo de comodidad, pero ante la insistencia del sapo, el conejo le dio hospedaje. Después de un buen rato, el sapo comenzó a inflarse, pues en aquella oquedad la temperatura era mucho más benigna que en el exterior.

Calvos, vacunas, y buen humor

Hace muchos años le oí decir a un gran señor al que admiro por muchos motivos, y que ahora está en el Cielo, que Dios había hecho cabezas perfectas, y a otra les había puesto pelo, y conversando hace poco con unos amigos sobre los diferentes tipos de calvicie, o en su caso, de cómo manejamos los calvos nuestras “cabelleras”, pudimos hacer una somera clasificación:

1. Calvo foco, o bola de billar.

2. Calvo corona de laureles.

3. Calvo con entradas.

4. Calvo con entradas que van de salida.

Carta de Cenicienta

Con motivo de la publicación de uno de mis artículos recibí un curioso correo. Curioso, pues su remitente es muy joven. Me pareció oportuno publicar sus comentarios, y mis respuestas. La verdad es que disfruté mucho con este intercambio de correos, ya que me permitió comprobar que la madurez no es exclusiva de las personas mayores, sino que ha de ser proporcionada a cada etapa de la vida. También, porque queda clara la posibilidad de comunicación entre jóvenes y mayores, sobre todo en una época en la que pesa tanto la famosa brecha generacional.

Aprovecha el sufrimiento para unirte a Dios


Aprovecha
estas circunstancias de tu vida para unirte más a Dios, quien suele
probar de esta manera a las personas que más ama. Dios está cerca del
dolor, sea moral o físico, pues Él en Jesucristo también se quiso
identificar con el sufrimiento humano, escogiendo la cruz para
salvarnos. Por eso, el sufrimiento nos purifica, nos hace más
agradables a Dios, nos educa en la recta apreciación de la vida humana
y del sentido de la misma; nos fortalece haciéndonos de este material

Cristo, la única respuesta ante el dolor

¡Qué
seguridad da este Cristo en esta vida! El hombre calla ante el dolor,
ante la muerte, ante la injusticia, ante el más allá, ante la traición
del mejor amigo. Sólo Él tiene una respuesta para todo: nos enseña a
sufrir con gozo y a transformar el dolor en redención; nos enseña a
afrontar la muerte con esperanza, pues por la muerte estaremos más
cerca de Él; nos enseña a amarnos sin límites, sin egoísmos,
desinteresadamente y a vivir desde hoy ese más allá que ya es actual

La cruz es el precio para alcanzar a Cristo


Nosotros
quisiéramos conquistar un estado que nos facilitara o anulara todo
esfuerzo. Y sin embargo, Cristo nos ha prometido una cruz para cada
día; una cruz que hoy es humillación, que mañana puede ser el dolor de
una renuncia, y que después puede ser la sumisión en la obediencia.
Sería muy fácil un cristianismo donde después de cierto tiempo
desaparecieran de nosotros las pasiones, los vicios; donde no nos
costara la castidad, la entrega de nuestra
libertad, la renuncia a los bienes materiales. Pero no es así: el

Llevar la cruz con alegría


La cruz
tiene que estar presente y tiene que doblegarnos bajo su peso. No
penséis nunca en una vida fácil, lejos del sufrimiento, del sacrificio.
La vida terrena es para luchar, es para caer en el polvo mil veces y
levantarse otras mil veces; es una vida para ser humillados por amor a
Cristo. No soñéis con vidas sin cruces, más bien pensad en cruces con
Cristo. Porque la cruz es un instrumento connatural a la vida del
hombre; y en especial, para aquellos que por vocación hemos aceptado

Seguir a Cristo es dificil

Y sin
embargo, sabemos que seguir a Cristo es difícil. Él quiere para sí
todo; es celoso de nuestra entrega; quiere fraguar en la prueba la
calidad de nuestro amor hacia Él. El Evangelio es un testimonio claro
de la exigencia cristiana: hay que dejar todo, hay que dejarse a sí
mismo, hay que tomar la cruz diaria, hay que renunciar a todo aquello
que nos aparte del ideal.

Nuestra existencia resucita con Cristo


La cruz que
meditamos ahora en Semana Santa es también el misterio de nuestra
confianza y de nuestra grandeza, porque Cristo ha querido acercar a
ella nuestra pequeñez, nuestra debilidad, nuestra pobreza, nuestro
dolor y nuestras lágrimas. Y así, al morir y sepultarnos con Él por
nuestra fe y nuestro amor, al entregarle aquello que somos sin
condiciones, es cuando nuestra existencia pobre y débil se transfigura
y resucita con Él.