El orfebre de la vida. El cuento del diamante del rey.
El orfebre de la vida
El cuento del diamante del rey
1) Para saber
1) Para saber
Adultos que se niegan a asumir responsabilidades adultas... y madres y mujeres sobreprotectoras, Wendies que no les dejan crecer.
Peter Pan vive en el país de Nunca Jamás. Allí el tiempo no pasa, y sólo los niños pueden entrar. Un país en donde todo es apariencia de felicidad, no caben las preocupaciones, ni hay nada de qué responsabilizarse.
La verdad del amor está en la unidad. Estoy unido a lo que amo. Amar es formar uno con el amado. Esto implica sacrificio, pero este sacrificio no es vivido como tal, pues todo lo que se ama es también de uno mismo.
Solemnidad, 25 de marzo
La última fase de toda la apoteosis salvadora comenzó en Nazaret. Hubo intervenciones angélicas y sencillez asombrosa. Era la virgen o pártenos del Isaías viejo la destinataria del mensaje. Todo acabó en consuelo esperanzador para la humanidad que seguía en sus despistes crónicos e incurables. Los anawin tuvieron razones para hacer fiesta y dejarse por un día de ayunos; se había entrado en la recta final.
La vida que ofrece Cristo a estos seguidores, a estos apóstoles del mundo actual, no es una vida fácil. Es una vida salpicada toda ella de heroísmo, de valor, de renuncia. Es una conquista del mundo que empieza por la conquista del mismo hombre para Él; es una conquista que lleva a dejar el hombre viejo, lleno de pecado, de pasión, para revestirnos de un hombre nuevo hecho a imagen de Cristo. Después esta vida nos lanza a la conquista del mundo para Cristo, y esta conquista es difícil y ardua.
Si Cristo ha de ser el fundamento único que dé estabilidad a su vida, una vida que camina, que nadie puede parar, que surcará situaciones cambiantes en un mundo movedizo, ese Cristo ha de ser el auténtico, el Cristo del Evangelio, en su totalidad, el Cristo que pide abnegación para seguirlo, morir en el surco, odiar por Él la propia vida; no un Cristo a la medida de cada personalidad. No es Cristo el que ha de bajar a nuestras raquíticas medidas; somos nosotros los que hemos de subir hasta su plenitud.
¡Pobres hombres! Van a tientas, saltando de una ilusión a otra, hasta que todas se acaban. Ahí van todos en bola: uno gritando: "comunismo", otro: "fascismo"; uno viene drogado, otro satisfecho, otro escéptico; uno baja riendo y al lado otro llorando... ¡qué ancho es el camino que lleva a la nada, y cuántos bajan por él!
Así, en la suprema soledad, en el hondo dolor, en la aspiración sufrida de nuestra alma y de nuestros anhelos, en la oscuridad de nuestra razón, en la herida profunda de nuestra vida es cuando encontramos a Dios que ha bajado hacia nosotros, que nos ha lavado, curado y que nos lleva hacia el nuevo encuentro con la vida.
Si ustedes dan un vistazo con serenidad y objetividad al panorama que nos ofrece el mundo moderno, descubrirán fácilmente cómo todos los movimientos ideológicos, políticos, económicos, culturales, van buscando la realización de ese "hombre renovado", van proponiendo nuevos modelos de comportamiento a todos los niveles, que prometen esta renovación total del hombre. Tanto el marxismo, como el existencialismo, como los diversos grupos ideológicos, van buscando a tientas ese hombre diferente.
Reflexionen mucho sobre el mensaje de Cristo y la necesidad que tenemos de trasmitirlo a los hombres en toda su pureza. Reflexionen mucho en el hecho de que el hombre, para ser servido plenamente por nosotros y por el cristianismo a través del Evangelio, debe ser servido integralmente. Por lo tanto, es necesario que reflexionen sobre la necesidad que tienen de ayudar a resolver, en la medida de sus posibilidades, las necesidades materiales del hombre: casa, alimentos, asistencia médica, etc., y las necesidades espirituales y morales del mismo.