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Church Forum

La mente de Cristo

Nos gustaría entrar en el corazón de Dios, descubrir sus amores, escudriñar sus proyectos, alcanzar a ver cómo nos ama, cómo nos busca, cómo nos espera, cómo nos ofrece incesantemente su salvación.

Para ello, hemos de dejar la levadura vieja, el modo mundano de pensar. No podemos vivir como esclavos de la carne, ni como mercedarios sometidos a los poderes del mundo, ni como veletas que se dejan arrastrar por el primer viento.

La llave del corazón

La llave del corazón

Ha sido un esfuerzo inútil. Una y otra vez hemos explicado un punto de la doctrina de la Iglesia. La respuesta ha sido siempre la misma: rechazo, búsqueda de nuevas refutaciones, evasión, incluso críticas directas contra el Papa, los obispos, los sacerdotes, contra nosotros mismos.

Quizá fuimos un poco ingenuos. Creíamos que bastaba con explicar, con exponer, con citar documentos para que el otro pudiese llegar a ver y creer lo que nosotros vemos y creemos.

La hora de la persecución

La hora de la persecución

Es hermoso, es de almas grandes, vivir con honestidad. Quien asume principios de justicia, quien vive según una ética verdadera, enriquece su existencia, promueve el bien entre los hombres, ofrece al mundo el tesoro de su ejemplo y de su amor.

Pero muchos se sienten incómodos ante la honestidad. Por eso, defender los principios éticos lleva no pocas veces a sufrir críticas, discriminaciones, ataques más o menos directos, o incluso la cárcel o la muerte.

El otro Código

Esta semana copio un recién comunicado de Manuel Sánchez Hurtado, de la Oficina de información del Opus Dei en Roma.

“Hoy se presenta la película El Código Da Vinci. La película mantiene las escenas de la novela que son falsas, injustas y ofensivas para los cristianos. Incluso multiplica su efecto injurioso, por la potencia que tienen siempre las imágenes. También se ha confirmado que la película no está precedida por un cartel que aclare que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

El olvido de Dios

Hace tiempo un buen amigo, sacerdote, quien fuera por varios años párroco del pueblo de Tequila en el estado de Jalisco, me contó este suceso. En la ceremonia del “Grito” en la noche de un 15 de septiembre, un presidente municipal, desde el balcón del palacio, arengaba al pueblo a superar unos vicios muy generalizados y para ello comenzó mencionando datos concretos de las cantidades de alcohol que se consumía en la localidad, para cerrar su argumento con la siguiente afirmación: “tal parece que estamos perdiendo el temor de Dios”.

El miedo al todo

La vida es la vida y la muerte es la muerte. Mientras estoy vivo, vivo, y cuando muera estaré muerto de ahí en adelante. Esta vida es temporal y lo que viene después será para siempre. Por lo cual, más me vale dedicar algo de mi valiosísimo tiempo a pensar en mi futuro -pero no en el futuro próximo: mañana, el próximo fin de semana o las próximas Navidades sino en lo que me espera más allá del momento en que alguien levante mi acta de defunción declarándome como el cadáver muerto de un difunto fallecido. 

El mundo no es un convento

A algunos nos da por olvidar lo inmediato y acordarnos de lo añejo, lo cual se conoce como reminiscencias, y con base en una de ellas les contaré una anécdota sin mayor trascendencia. Allá por el año 1967 tomaba un curso en un pueblito cercano a la ciudad del Aqüila, Italia, en el que coincidimos varios estudiantes de posgrado de diversos países. 

La fuerza de los débiles: la fe

¿Cuál es la mayor fuerza de los débiles? Dar el paso de la fe. ¿Cuál es la mayor debilidad de los fuertes? Cerrar las puertas a la fe.

Estamos acostumbrados a medir la fuerza y la debilidad de las personas según parámetros equivocados. Medimos el dinero, la belleza, las energías físicas, las influencias, el contar con amigos poderosos, para juzgar si una persona es fuerza, si triunfa en la vida.

La flor y el sueño

Nace una flor entre montañas, ríos y granjeros. El viento acaricia unos pétalos que brillan a la luz del sol. Luego, marchitos, vuelan, se pierden a lo lejos, mientras el fruto crece y prepara la semilla de una nueva vida.

Las nubes llegan, la lluvia pasa. El sol vuelve a brillar: seca la tierra, agosta flores pasajeras. En un hospital muere, entre las lágrimas de los suyos, un anciano. Mientras, en el cielo, un libro abierto llama a los que amaron sin medida, acoge a los que viven para siempre.

Esperar más allá de la ciencia

Vale la pena recordarlo: la ciencia llega hasta donde puede llegar, y luego se detiene. No es capaz de eliminar la muerte, no puede suprimir la angustia, no consigue erradicar las injusticias, no impone la paz entre los enemigos, no construye un mundo capaz de durar indefinidamente.

Entonces, ¿qué nos da la ciencia? Gracias a ella existen edificios magníficos, medicinas muy provechosas, técnicas de cultivo más eficaces. Sin la ciencia sería imposible comunicarnos con la agilidad y la rapidez que hoy nos resultan casi normales.