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Church Forum

La caridad es paciente

San Pablo presenta, como primer adjetivo para la caridad, la paciencia (cf. 1Cor 13,4). ¿Se trata de una casualidad? ¿Puso la palabra “paciente” en el inicio de la lista porque “sonaba bien”? ¿O no se tratará, más bien, de algo “dictado” por el Espíritu Santo, como un fruto de la experiencia de quien conoce a Cristo y, a través de Cristo, al Padre?

Señora porno, ¡usted miente!

Soy de la idea de que en este mundo, donde Dios ha manifestado su inmenso amor por nosotros, se lució en el tema de la belleza. Gracias a ello podemos disfrutar de tantos paisajes, amaneceres, atardeceres, del encanto de algunos animales, plantas y, de manera especial, de la hermosura del cuerpo humano... bueno... de algunos. Pues aunque cueste trabajo encontrarlos, los hay, y muy bellos.

Señorita María

  

-Ya regresé, Padre Eterno. Te traigo buenas noticias del asunto que me encomendaste. Oye, qué bonita es ella. Supongo que la hiciste a tu gusto, de acuerdo naturalmente con el Hijo y el Espíritu santo. Iba a decirte que parece un ángel; pero no, nos aventaja a todos juntos. Yo, Gabriel, me quedo chiquito delante de ella.

Semana… ¿santa?

 

Cómo han cambiado los tiempos! Se les oye decir con frecuencia a las personas de la tercera edad. Bueno, eso de: “con frecuencia” es en el caso de que alguien platique con un viejito. Cosa rara por cierto, pues ahora los únicos que platican con ellos son otros viejitos. “En mis tiempos –suelen comentar- en Semana Santa no se iba a la playa, ni a bailes, ni se oía música...”.

La espera

En una esquina, junto al bar, a la entrada de un cine, o entre los andenes de la estación: en muchos lugares podemos encontrar hombres y mujeres que esperan.

Esperan. ¿Qué esperan? Cada uno espera a alguien. Al novio, una chica enamorada. A la novia, un chico que necesita algo de esperanza. Al hijo, el padre que lo vio partir un día hacia una guerra inesperada. Al padre, ese hijo que lo quiere otra vez en casa, después de años sin poderse abrazar.

La evolución con final feliz

La teoría de la evolución, según algunos, nos dice que plantas y animales, jilgueros y tomates, Panchos y Lupitas, todos somos parte de un proceso con un inicio muy lejano y un final incierto. Para un grupo abundante de evolucionistas, no hay ninguna causa (un Dios que ponga orden o cree las distintas formas de vida) ni ningún fin (ningún programa o meta del camino que se recorre). Las casualidades se entrecruzan de modo imprevisible. Hoy se mezclan varios átomos y dan lugar a una molécula. Mañana varias moléculas se juntan y dan lugar a cadenas más complicadas.

Se vende hermana

Hace unos meses vi a un niño que llevaba una camiseta con la leyenda: “Se vende hermana” rematada con “aceptamos cualquier oferta”. Me llamó la atención que el “aceptamos” podría incluir a los demás miembros de la familia, dando a entender que todos estaban de acuerdo en aquel remate. Claro está que esto no pasaba de una simple broma -dicho sea de paso, de mal gusto- pero no sería raro que, sarcasmo o no, detrás de ello habría mucha historia. 

Las lágrimas del profeta

Las lágrimas del profeta

El profeta acababa de huir de la ciudad. Después de 3 meses de predicación, las cosas se habían puesto muy difíciles. Críticas, insultos, denuncias, y un proceso judicial que algunos pidieron para condenar a aquel personaje tan incómodo.

El profeta llegó a un bosque de robles. Cansado, bajo un árbol más tupido, se sentó. Empezó a recordar su predicación, y elevó su lista de protestas al Dios que lo había enviado.

La alegría, ¿un mandamiento?

Nos dejaría sorprendidos si alguien nos dijese: “te ordeno que seas alegre”. Porque la alegría no parece que caiga bajo ningún mandamiento. Porque, según parece, estar alegres, vivir en un gozo profundo, conseguir un estado de felicidad completa, se colocaría en un nivel que no depende de nuestras decisiones, propósitos o buenos deseos. Y si no depende de nuestra voluntad, tampoco podría ser mandado.

La paciencia de Dios

La paciencia de Dios

Buscar el poder es una tentación que continuamente asecha al ser humano. Tener fuerza, tener dinero, recibir aplausos. Luego, cuando todo está en nuestras manos, cuando las voluntades han sido sometidas (ilusionadas, engañadas, asustadas), llega la hora de iniciar la utopía, de construir el mundo perfecto.

Y ese “mundo perfecto” inicia precisamente con lágrimas, con dolor, con la opresión del enemigo, con las críticas malévolas, con ese clima de miedo que reina en los sistemas totalitarios (del pasado y del presente).