Europa y los niños
En Europa escasean los niños. Muchos lugares del viejo continente tienen más funerales que bautizos, más cámaras ardientes que cunas con bebés recién nacidos.
En Europa escasean los niños. Muchos lugares del viejo continente tienen más funerales que bautizos, más cámaras ardientes que cunas con bebés recién nacidos.
Una madre preguntaba no hace mucho a un educador: “¿cómo puede un joven escapar de los muchos condicionamientos externos y mantenerse simultáneamente al paso de los tiempos? Creo que los jóvenes de hoy tienen muchas energías positivas, pero poco sentido de responsabilidad. La sociedad los educa a decisiones provisionales, por ejemplo en el trabajo, a cosas de poca duración...”
Cada hombre enfermo toca nuestro corazón de un modo particular. La mayoría experimenta compasión, un profundo deseo de asistir o acompañar a quien sufre, a quien vive la experiencia de la incapacidad, del dolor, tal vez de la desesperación y la amargura.
El amor matrimonial es un anticipo del cielo cuando nace y crece como donación generosa, sin límites. Ser generoso para pensar en el otro, en la otra; hacer de la vida diaria un esfuerzo para darse enteramente; abrirse con esperanza y espíritu de servicio a la llegada de cada uno de los hijos.
¿Debo aceptar el uso de internet en mi casa, sabiendo que los filtros son siempre esquivables, si creo que es la puerta para contenidos que van en contra de mis principios morales?
Hace poco asistí a una clase de bioética en la que el profesor, un destacado ginecólogo de Roma, nos mencionaba no sin cierto sarcasmo, que muchas veces le tocaba atender a pacientes que acudían con sus hijas prontas a casarse. Ante la proximidad de la boda, la madre preguntaba al doctor qué método le recomendaría a su hija para comenzar a cuidarse...
-“¿Cuidarse? ¿De qué? ¿De quién?”, inquiría el doctor.
Gabriel García Márquez en su famosa novela “Cien años de soledad” refiere como su gran personaje Amaranta Úrsula, al organizar el regreso al pueblo de Macondo, retrasó el viaje varios meses para hacer una escala en las Islas Afortunadas, porque deseaba seleccionar veinticinco parejas de canarios con los que repoblaría el cielo del mítico Macondo.
La cara deformada por granos y espinillas. Una nariz que no acaba de acomodarse al contorno de la cara. Una pelusilla, esbozo de bigote y barba. La habitación tapizada por rostros de hombres. Largas conversaciones en el teléfono con las amigas. Interminables días grises que terminan en llantos. Dietas y más dietas... ¡Auxilio...! Hay un adolescente en mi casa.
Muchas veces nos hemos pasado el tiempo viendo la televisión. Una tarde sosegada en la que parecía que nada me perturbaría he jugado al nuevo deporte del “zapping” que así le llaman en lengua inglesa y que aún no conoce vocablo propio en la lengua de Cervantes. Huérfanos de tal palabra, estamos haciendo el zapping ante un arsenal de cincuenta canales que la tecnología permite en algunos países. Cincuenta diversas posibilidades para aprender, para disfrutar o simplemente para descansar.
Es bueno detenernos un poco y hacer un resumen de lo que hemos hablado hasta este momento. Espero que al mismo tiempo que has leído todos estos artículos también los hayas ido poniendo en práctica. Tú bien sabemos que lo aquí expuesto no es simplemente para contemplarse, sino para ser llevado a la práctica de cada día. Ojalá que antes de seguir adelante con este programa de crecimiento interior puedas detenerte por un momento para hacer un balance de lo ya adquirido. ¿He mejorado? ¿Reconozco en mí al hombre y la mujer que Dios quiere de mí?