Pasar al contenido principal

Church Forum

Niños soldados

Toda guerra implica un drama. Unos hombres luchan contra otros hombres, con o sin motivos válidos, para imponerse por la fuerza. En muchas guerras aparecen, entre los soldados más o menos jóvenes, algunos niños que cargan un fusil, tal vez una ametralladora, o simplemente cartucheras de repuesto.

No tenemos nada que decirnos

Hace 4 años dos jóvenes se casaron. El amor hizo que rompiesen las amarras de lo conocido y se lanzasen a la aventura emocionante del vivir juntos, con el compromiso del “para siempre” que sólo son capaces de dar los que se aman. Dos años después nacía una encantadora niña. Cuando la niña cumplía sus dos años, los esposos estaban separándose. ¿Por qué? Cuando le preguntaron eso al esposo y papá, respondió, no sin un deje de tristeza y de fracaso, con estas palabras: “No soy capaz de comunicar con mi esposa, no tenemos nada que decirnos”.  

Mis padres no me quieren sacerdote

En el cielo están inquietos. Varios ángeles han llegado con mensajes dramáticos de jóvenes que no encuentran el apoyo de sus padres a la hora de seguir la vocación de Dios al sacerdocio o a la vida consagrada.

“¿Por qué, Dios mío, mis padres no quieren que sea sacerdote?” “Mi madre me ha dicho furiosa que no desea saber nada de mi vocación”. “Ayúdame, Jesús, a encontrar fuerzas para hacer lo que Dios quiere de mí”. “¿Cómo puedo decirle a mis padres que Dios me quiere carmelita?”

Mil caminos nacen bajo mis pies

Bebo una cerveza. ¿Por qué? Quizá porque tengo sed, o para ganar una apuesta, o simplemente porque he visto que mañana estará “caducada” y no quiero que se tire. Veo una película con el video, quizá para descansar después de una discusión con un hijo, o porque me la ha recomendado un amigo, o porque estoy enfermo y ya no sé qué hacer en la cama. Voy a ver a un amigo al hospital, tal vez porque me ha tratado siempre bien, o porque sé que está solo, o porque me lo han pedido sus familiares.

¿Maternidad a la carta? No, gracias

En el pasado había hombres o mujeres que buscaban tener un hijo a cualquier precio. Si “hacía falta”, recurrían a graves injusticias: a la violencia sexual dentro del matrimonio, al adulterio, al divorcio para “probar” con otra pareja. Pero la ética y el derecho nos dicen, con firmeza, que nunca algo bueno (el nacimiento de un hijo) puede permitir el uso de medios injustos.

Matrimonio sin trampas

El abuelo, un día, le dice al nieto lo que piensa: “Tú y tu esposa hacéis trampas. Después de cuatro años de casado ya deberíais tener uno o dos hijos”.

Los abuelos son así: dicen lo que piensan con total libertad. A los padres, en cambio, les da un poco de miedo, sobre todo para no parecer entrometidos y para no hacer el papel del “suegro malo”. El problema es que a veces lo que dicen los abuelos duele como verdades que nos ponen ante problemas nada fáciles.

Los ojos de una niña

Los ojos de una niña

Aquel sacerdote había quedado con una herida profunda en el corazón. Deseaba hablar, gritar, moverse, buscar mil maneras para cambiar las conciencias... Al final, tomó un pedazo de papel y escribió, con pulso ágil, lo que desbordaba en su interior, como un chaparrón de ideas que quizá algún día podrían ser de ayuda para alguien.

La pedagogía del amor

Papá y mamá se han ido a la cama, y, cuando van a apagar la luz, se asoma, por la puerta entreabierta, la cabecita morena de Juanín. “¿Me puedo acostar con vosotros?”. Mamá no puede decir que no, aunque quizá papá, que está más cansado, parece que levanta las cejas como para decir: “ya empezamos...”