Cerebros y decisiones
Los últimos momentos de cualquier ser humano tienen un especial aire de solemnidad. Los últimos momentos de un gran hombre son todavía mucho más especiales.
Los últimos momentos de cualquier ser humano tienen un especial aire de solemnidad. Los últimos momentos de un gran hombre son todavía mucho más especiales.
Hola, Jonathan! ¿Cómo estás? Espero que muy bien.
Te pido disculpas si te mando la carta así, por internet. No tengo tu dirección, no sé cómo localizarte en el pueblo donde vives. Te lanzo el mensaje así. Sé que es difícil que te llegue, pero lo dejamos en manos de Dios. Quizá lo leerán otros chicos como tú, incluso a alguno podrá servirle. Sobre todo, quizá lo puedas leer pronto tú mismo. Ojalá.
En muchas culturas la broma forma parte de la vida. Hay bromas entre niños y entre ancianos, entre amigos y entre desconocidos, en un programa televisivo, en el parlamento, en la fábrica o en el bar.
Las bromas son de muchos tipos. Simpáticas o de mal gusto, de descanso o provocadoras de tensión o de ira, capaces de humillar y herir a una persona o llenas de sana alegría, traicioneras o capaces de restablecer una amistad en quiebra, inocentes o llenas de malicia.
Resulta bastante fácil iniciar una borrachera. Un vaso, otro, y otro. El cuerpo reacciona. Una sensación de placer, de entusiasmo, de fuerza, invade el corazón. Todo parece fácil. Desaparecen los complejos. Uno empieza a reír a carcajadas, a decir lo que piensa sin temor, sin respeto humano.
Es hermoso encontrar a un hombre de principios rectos, a quien vive honestamente. Tiene una conciencia bien formada, sabe lo que tiene que hacer, asume sus deberes. Vive en línea recta, sin trampas, sin engaños, sin escapatorias.
Los hombres honestos, sin embargo, no son seres de otro planeta. Como cualquier otro, tienen sus momentos de debilidad, sufren tentaciones, sucumben. Si los honestos, si los mejores, fallan, es mucho más frecuente la caída entre quienes viven en la zona estadística de “los normales”...
El materialista convencido dice: no hay Dios, ni cielo, ni espíritu, ni otra vida después de la hora de la muerte.
El espiritualista (los creyentes suelen serlo, aunque no siempre nos acordamos de ello) dice: hay Dios, cielo, espíritu y otra vida más allá de la frontera.
Aquí estamos, en la vida. Un día inició nuestra existencia. Desde un amor o un “accidente”. Desde esposos o entre novios. En tiempo de paz o bajo el ruido de las bombas. En el “mejor” momento o cuando parecíamos ser sólo un problema más en la vida de una familia pobre y preocupada.
Sócrates recibió una visita inesperada. Un joven inquieto ansiaba estudiar con el famoso sofista Protágoras, recién llegado a la ciudad de Atenas. Sócrates quedó sorprendido por el entusiasmo del joven, y quiso ayudarle a reflexionar. ¿Conoces a la persona a la que vas a entregar tu alma, a la que vas a pagar para que te dé clases y te instruya?
Los tiempos de la posmodernidad suelen traer consigo situaciones nuevas y excitantes que requieren una mente flexible para adaptarse a ellos y aplicarlos a las situaciones de la vida diaria. Alguien ha mencionado que en los tiempos de la civilización egipcia se requerían 2,500 años para que un cambio influyera en la civilización. Con la llegada de la Revolución Industrial este tiempo se redujo a 25 años y hoy se afirma que cada 25 minutos se produce un cambio que afecta a nuestra cultura y a nuestra civilización.